miércoles, 1 de enero de 2014

Entre fuego. Parte X y epílogo

Noto que mi organismo se queda colapsado durante un momento, pero me pongo firme y sigo a Dilber, hasta dónde sea que me lleva. Nos paramos delante de una puerta.
- Es aquí. – me señala, y me abre la puerta.
Entro sigilosamente y ahí está Wyatt, descansando en la cama.
- Hola, Briana. – oigo saludar a una voz masculina que, me suena algo familiar.
- Eh… hola, sea quien seas. – digo, girándome hacia el personaje de pelo pelirrojo, ignorando porqué sabe mi nombre.
- Tu hermano, como ya sabes, tiene la rabia… –dice el hombre lentamente, sin molestarse en presentarse, y hace una pausa, esperando a que diga algo.
- Sí. – reacciono secamente y noto que mi voz se quiebra. Por algún motivo, el rostro del pelirrojo me produce inquietud, peligro. Vuelvo la cabeza hacia mi hermano, y veo que me mira alarmado. – ¿Me lo va a decir o no?
- Todo a su tiempo. –responde vocalizando cada una de las letras, y vuelve a repetir. –Todo a su tiempo.
Siento un escalofrío al mirarlo a los ojos. Son los mismos ojos que hace un par de días, intentaron matarme. Intento que no se dé cuenta de mi descubrimiento.
- Existe la posibilidad de que se cure. –explica, calmado, buscando en un botiquín. –Y otra que no. –dice girándose hacia mí, y oigo gritar a Wyatt:
- ¡Cuidado, Briana! –no entiendo lo que está pasando, pero cuando alza su mano y en ella hay una gran jeringa, veo su propósito.
Oigo un gran estruendo y la puerta se abre. Estoy paralizada, pero no lo suficiente para ver que la persona que está en pie es la misma mujer que me salvó la vida. Lleva una pistola, y con ella, apunta a Drek.
- Eh, cálmate anda. – dice Drek a Dilber, antes de Drek pueda inyectarme lo que haya dentro mortal en la jeringa, cuando lo siguiente pasa en un suspiro.
Dilber aprieta el gatillo y de la pistola sale una bala, una bala que va directa al corazón de Drek.
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Me quedo mirando la sangre que derrama de su cuerpo, sin ninguna interrupción.
- Tenía que hacerlo. –dice Dilber, seria.
- Lo sé, Dilber. No te preocupes.
Sonrío. Se ha ido, por siempre jamás. Arin entra por la puerta.
- He oído ruido y me he despertado. –dice, mi pequeño Arin. Se da cuenta del cuerpo inmóvil de Drek reposando en el suelo. Me mira durante dos segundos, viene corriendo hacia mí y salta a mis brazos. –Te he echado de menos, hermanita.
- Y yo, no te lo puedes ni imaginar. –y lo abrazo aún más fuerte.
Nos sentamos a los pies de la cama dónde está Wyatt y siento a Arin en mi regazo.
- Bueno, ¿entonces puedes venir  a casa o no? – le pregunto a Wyatt, preocupada, y miro a Dilber para obtener una respuesta.
- Sí. Claro que puede. – responde.
El ‘sí’ milagroso. No me lo puedo creer, así que voy corriendo hacia Dilber y la abrazo, sin más.
- Gracias por todo. – le susurro. En la cama, veo a Wyatt sonriendo, por primera vez en mucho tiempo.
Nos dirigimos hacia la sala de espera y allí encuentro a Irina, abrazada a un chico.
- ¡Irina! – grito de alegría.
- ¡Briana! – grita ella también. – Oh Dios mío, ¡estás viva! –y me abraza.
El chico con el que estaba abrazada Irina viene hacia mí y se presenta diciendo:
- Soy el hermano de Irina, Daniel. –miro a Irina, está feliz.
- Briana. –digo y no puedo evitar sonreír.
Al cabo de un rato de estar hablando, Daniel nos invita a su casa. Charlamos sobre un montón de cosas, sobre la experiencia vivida por parte de Daniel en la guerra, y nos invita a un té.
Mientras los demás están jugando a un juego, yo me quedo a solas con Dilber, así que le pregunto:
- Oye, ¿te gustaría… venir a vivir con nosotros?
Y ella responde:
- Me encantaría.
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EPÍLOGO
Han pasado quince años y estamos viviendo en Nekville, con mi marido, Roy, y mis dos hijos Julen (en honor a mi padre) y Abbey, la pequeña de la casa. Dilber ha estado conmigo y Wyatt hasta que nos marchamos de casa al casarnos. Mi hermano mediano, Wyatt, se casó con Irina y tienen una hija, Alexia.
Arin sigue viviendo junto a Dilber, pero se ha enamorado de una chica, Leyla, y están esperando un hijo. En Velville ya no queda nada, salvo los cuerpos de los que no pudieron sobrevivir hace años y la tristeza que abunda allí. Siempre que tengo un rato libre pienso en mis padres, en cómo de orgullosos estarían de todos nosotros y lo que les gustaría estar con sus nietos.

El tiempo ha pasado y la guerra acabó un año después del bombardeo en nuestro antiguo pueblo. La guerra nos ha dejado marca a todos, pero creo en que el tiempo cura las heridas, aunque sea imposible olvidar.

FIN

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