lunes, 2 de diciembre de 2013

Entre fuego. Parte III

Roy me comenta la hora que es y tengo que salir corriendo, porque creía que habían pasado minutos, pero han pasado horas. Mis hermanos van a estar esperándome para cenar, así que me despido de Roy y voy hacia casa por el sendero. En el camino, me encuentro un rebaño de cabras pastando y entre ellas distingo a Irina, mi mejor amiga desde que tengo uso de razón. Es rubia y de ojos azules.
- ¡Briana! – exclama, haciéndose camino de entre las cabras, con una sonrisa dibujada en su rostro.
- Ei, Irina. – digo intentando parecer mínimamente feliz.
Pero no hace falta que finja, porque lo entiende al instante. Comprende que hoy no es mi mejor día, que no estoy de humor.
- ¿Has estado con Roy? – me pregunta, está clara su intención.
- No, Irina, no. – respondo.
- ¿No? – pregunta, algo decepcionada.
- Que sí, es broma. He estado un par de horas con él.
- Ah. ¿Y qué tal? – pregunta curiosamente. Claro, en realidad ella no tiene nada más de que preocuparse, ya que tiene unos padres fabulosos, su madre está esperando otro hijo y solo tiene el cargo de llevar a pastar las cabras. Esa es su única preocupación.
- Bien. – respondo, secamente. A veces Irina hace cada pregunta que la mejor opción es la de ‘bien’.
- ¿No quieres hablar, verdad? – pregunta.
- No es eso Irina… Lo siento.
Pone cara de comprensión. Ella también se acuerda de ese día. Estaba allí después del bombardeo. Es más, se lo debo todo. Sus padres fueron quien nos compraron la casa para que mis hermanos y yo pudiéramos estar bajo techo.
- De acuerdo. Lo entiendo, no hace falta que te disculpes, Bri.
Sonrío. Por eso la quiero y aprecio tanto, tiene la capacidad de perdonarme, de perdonar mi carácter distante en estas situaciones. Entonces se me ocurre una idea.
- ¿Quieres venir a dormir a mi casa esta noche? – le ofrezco, no quiero pasar la noche sola, así que está dispuesta a venir a mi casa la mar de contenta.
Antes pasamos por el centro del pueblo, ya que Irina tiene que intercambiar la leche de sus cabras por pan. Después pasamos por su casa a dejar los intercambios que ha hecho. Irina le pide permiso a la señora Anders para pasar la noche en mi hogar y su madre me ofrece pan como acto de cortesía y lo acepto con mucho gusto. Acabado esto, vamos camino a mi casa, ya ha oscurecido.
Al llegar, el pequeño Arin viene corriendo a abrazarme y Wyatt viene hacía mí. Me paro un momento para mirarlos y los analizo. Siempre me ha parecido curioso lo poco que se parecen, porque mi hermano mediano es de pelo oscuro, ojos intensamente verdes, y de piel morena, y mi hermano pequeño es rubio, de ojos azules como el mar y de piel tirando a pálida.
- Ya era hora, tardona. – replica Wyatt en tono burlón, sonriendo. Le devuelvo la sonrisa.
- Hermanita, al cole han dicho que iban a anunciar algo por la radio. – dice Arin, emocionado.
- De acuerdo pequeñajo. Estaremos pendientes. – digo cariñosamente, y el pequeño de la casa me abraza por las piernas, ya que no llega a mí.
- Tengo hambre. – dice Arin, quejándose. 
- Ahora preparo algo. – respondo yendo hacia la cocina.
‘Ojalá acabara esta maldita guerra’, pienso. Cojo algo de pan y leche, y seguidamente nos sentamos en el sofá y estamos atentas a la radio, a las noticias de última hora. Entonces dan la noticia.
- Atención. Nos han informado de que habrá un bombardeo en las próximas horas, en Nekville. Desalojen los compartimentos y evacuen. Gracias. – da la noticia el hombre de la radio.

Todos nos quedamos pasmados. Nekville… Es el pueblo que siempre admiro desde mi montaña, y que ahora va a ser destruido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario