Mi hermano inconsciente. El doctor intentando reanimarlo.
Todo es como una pesadilla, una pesadilla que jamás acaba.
- ¿Wyatt? ¿Wyatt? – digo desesperada, con su cabeza en mi
regazo y le estoy acariciando el rostro.
Viene una doctora y se lo lleva, y ahí me quedo, sentada
en una butaca con lágrimas que recorren mis mejillas.
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Cuando abro los ojos, me doy cuenta de que lo de afuera
nos es mejor que mis pesadillas. Pongo las manos en la cabeza y espero a que me
llamen para poder entrar en la habitación donde se encuentra mi hermano.
- ¿Briana Hils? – pregunta una mujer que viene hacia mí.
Va con una bata blanca, es morena y tiene parece simpática. Debe de ser uno de
los médicos.
- Yo misma. – respondo, y se sienta a mi lado, de modo
maternal.
- Tu hermano está bien. Se ha desmayado porque se ha
asustado al saber la noticia de su estado. Deberá de estar aquí, internado,
para que podamos tratar con él. – dice, con mucha cautela y voz tierna.
Sólo soy capaz de asentir con la cabeza. Me pone su mano
en mi espalda y me acompaña hasta dentro de la habitación. Me siento a los pies
de la cama dónde está él tumbado.
- Todo va a ir bien. – le digo.
- Si en estos últimos días no me recupero, ya sabes que
va a pasar. Luego no hay salida. Si no logro salir de aquí, ya sabes lo que
tienes que hacer. – dice con dificultad, mientras se quita la máscara de
oxígeno. –Subir a la montaña con Arin, y la familia de Irina.
- Sí. De acuerdo. – respondo, un poco perdida.
- Ve a casa, yo estaré bien aquí. Arin debe de estar
esperando, y, por favor, avisa a la profesora.
Vuelvo a asentir con la cabeza, le doy un beso y me
marcho. En el camino a casa, la cabeza no para de dar vueltas. Las ideas de que
mi hermano tenga una enfermedad, que a veces resulta mortal, de que Irina tenga
a su hermano en la guerra y quiera ayudarle y que nos tengamos que ir a la
montaña por precaución, no salen de mi interior.
Cuando llego a casa, Arin y Irina ponen cara de
extrañados, al ver que, evidentemente, Wyatt no está a mi lado. Mi hermano es
el primero en preguntar, ya que parece que Irina lo ha entendido con tan sólo
mirarme a los ojos.
- ¿Dónde está Wyatt? – pregunta con voz inocente. Noto
que se me cae una lágrima.
- Wyatt ha tenido que ser… ingresado – respondo
forzosamente, porque se me ha hecho un nudo en la garganta.
- ¿Y se pondrá bien, verdad? – vuelve a preguntar.
- Eso espero. – digo, e intento forzar una sonrisa.
- Mañana nos vamos. – dice Irina rápidamente después de
estar mirando un rato al vacío, para cambiar de tema.
- ¿A dónde Irina? – pregunta Arin.
- A la montaña. – responde finalmente Irina.
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- Sí, genial. – digo, me voy a mi habitación y cierro la
puerta.
Me estiro en mi
cama y me quedo dormida, rendida por todas las cosas negativas. Tengo una
pesadilla en la que mi padre está en medio de la guerra. Él lucha con el
contrario, descubren que han lanzado bombas y entonces estallan. Y sale volando
en pedazos. Grito. Me despierto. Ha sido sólo una pesadilla, demasiado real,
pero solo una pesadilla, intento pensar, para calmarme. No hay nadie en casa.
Cojo la mochila y voy hacia el colegio. Ya debería de haber ido hace rato.
Cuando llego ya han empezado con la lección.
- Señorita Hils, ¿no llega un poco tarde? – pregunta la
profesora.
- Sí, perdón, aunque no creo que se haya notado mi
ausencia. – respondo un poco burleta.
- Yo la he notado. – dice Roy, que está sentado al fondo
de la clase. – Te he reservado un sitio. – acaba de decir y me guiña el ojo.
- Gracias.
- A mí también me hubiera gustado dormir hasta ahora,
dormilona.
- Me he levantado muy temprano para acompañar a Wyatt al
médico y lo han ingresado. – explico, y se queda pasmado.
- Lo siento, Bri.
Sonrío en forma de decir ‘no pasa nada’ y atiendo a la
clase.
Las siguientes horas me pasan eternas. Suena el timbre y
salimos a fuera.
- Te apetece… ¿venir a mi casa? – me ofrece Roy.
- Sí, vale, pero no mucho rato.
- Me alegro de que no estés ocupada, señorita Hils. –
dice bromeando.
- Bueno, uno está muy ocupado últimamente. Te echaba de
menos. – digo, y le doy un beso en la mejilla. – Vamos.
Por el camino, Roy me hace infinitas preguntas, pero me alegro
de estar con él, porque me olvido de todas las cosas malas.
- Tu color favorito es el verde. Verde hierva. Tienes quince
años, eres preciosa y muy tonta.
- Jaja, lo último no, y respecto a lo penúltimo, no
intentes coquetear con eso. Ahora mismo la belleza no sirve de nada.
- Tienes razón, pero no para mí. Para mí eres genial. –
dice, me coge de los hombros y me pone frente a él. Ai.
Se me queda mirando y se va acercando… Y yo me quedo con
la respiración acelerada.
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